CAPITULO 32

Incliné la cabeza hacia atrás y gemí con fuerza, el ruido se mezcló con sus jadeos de placer y dolor. Sabía que estaba dolorida y me dije a mí mismo que fuera suave. Que fuera suave. Pero cuando empezó a cabalgar sobre mí, vi una bruma de placer y necesidad. Levanté las caderas y la atraje hacia mí, la follé como si ella fuera el aire y yo me estuviera ahogando.

Quería volver a correrme dentro de ella. Quería dejar una pequeña parte de mí dentro de ella como ella hizo conmigo. Galilea se abrió
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