—Sí. —Trabajé mis dedos sobre mi clítoris mientras dejaba caer la cabeza sobre mi cuello y cerraba los ojos mientras me entregaba a todo.
—Córrete para mí.
Y lo hice. Grité largo y tendido, sin importarme quién escuchara en los otros apartamentos, sin importarme si sonaba como un animal herido. Sentí lo fuertes que eran mis contracciones, cómo mi coño chupaba y se aferraba a su polla. Él gruñía y se movía con más fuerza, sus empujones eran cada vez más erráticos. Sabía que estaba cerca, y cuand