—Lugoi, vámonos —dije de repente y centré mi atención en su rostro—. Sólo quiero que estés a salvo. Vámonos y olvidemos esto. —Estaba divagando, mi miedo era tan fuerte ahora que no podía controlarme. Y me sentí avergonzada por eso.
Ahora mismo necesito ser fuerte. Nunca deje que el miedo me controlara, pero ante la idea que Lugoi saliera herido, o algo peor, este frío terror me envolvía.
—Moy svet —murmuró—. No tienes nada que temer. No dejaré que nadie te haga daño. —Su mandíbula se tensó—. N