capitulo 34

Cuando nos separamos un metro de la mesa de juego y nos apartamos, los otros dos hombres sentados me miraron con un claro terror en sus rostros. Eran lacayos, peones en cualquier juego enfermizo que jugara Henry.

—Henry, dales lo que quieren. No está jugando.

Harry miró a un lado y enseñó los dientes al hombre que habló.

—Maldito cobarde. —No era inteligente, ni siquiera con una pistola apuntando a su cabeza. Mantenía su miedo cubierto de trajes de diseño de imitación y demasiada colonia barata
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