Al día siguiente, Alejandro despertó temprano. Se giró levemente y observó a Camila aún dormida, con su cabello desordenado sobre la almohada y su respiración tranquila. Por un momento, se quedó viéndola en silencio, sintiendo algo extraño en su pecho, algo que no quería analizar.
Sacudió la cabeza, se levantó sin hacer ruido y entró al baño.
Cuando salió, Camila ya estaba despierta, sentada en la cama y frotándose los ojos con pereza.
—Buenos días —murmuró con voz adormilada.
Alejandro, que ya