Andrés entró a su habitación y, sin pensarlo demasiado, comenzó a aflojarse la corbata y quitarse el saco. Se sentía sofocado, no solo por el día pesado, sino también por la rabia y la frustración que hervían en su interior. Con pasos firmes, entró al baño y abrió la regadera, dejando que el agua caliente recorriera su cuerpo, tratando de despejar su mente.
Después de un rato, la puerta de la habitación se abrió sin previo aviso. Sandra entró en silencio, sus ojos buscando a Andrés con determin