Camila bajó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta. Sabía que Isabela no la quería en la vida de Alejandro, que para ella solo era un estorbo, un error dentro de ese mundo al que no pertenecía.
Isabela avanzó con lentitud, cruzando los brazos mientras la observaba con una mezcla de frialdad y desdén.
—Dime algo, Camila… —su voz era firme, con ese tono autoritario que imponía respeto—. ¿Por qué te entregaste a mi hijo sabiendo que esto es solo un contrato?
Camila tragó saliva y apretó los p