Camila se sentó en el sofá, sumida en sus pensamientos. Su madre salió de la cocina en ese momento y la vio con la mirada perdida.
—Hija, ¿qué tienes? —preguntó con ternura.
—Nada, mamá, solo estaba pensando en tu viaje al pueblo. ¿Ya tienes todo listo?
—Sí, hija, solo te estaba esperando para irme —respondió su madre con una sonrisa.
—¿Y mi hermanita? ¿Está contenta?
—Sí, está feliz porque podrá ir a la tumba de su padre —dijo su madre con un dejo de nostalgia en la voz.
Camila bajó la mirada