Andrés sonrió con astucia, sintiendo que la situación jugaba a su favor. Aprovechó el momento de reconciliación entre su padre y su tío para acercarse a Alejandro y Camila.
Se colocó frente a Alejandro y, con seguridad, le tendió la mano.
—¿Qué dices, primo? Ahora podemos trabajar sin rivalidades. Soy tan dueño de esta empresa como tú.
Camila miró a Alejandro con discreción, preguntándose qué haría. Sabía que Alejandro no confiaba en Andrés, pero también entendía que no podía ignorar la volunta