Al llegar a la imponente mansión Ferrer, Alejandro redujo la velocidad del auto y miró de reojo a Camila antes de estacionar.
—Al parecer, ya llegaron los demás —dijo con tono neutral.
Camila respiró hondo antes de abrir la puerta para bajar, pero antes de que pudiera hacerlo, Alejandro ya estaba fuera del auto y rodeando el vehículo con pasos firmes. Se detuvo junto a ella y, para su sorpresa, le tendió la mano.
Ella lo miró con cierta incredulidad, dudando por un momento, pero luego comprendi