Todo parecía volver lentamente a su lugar. Alejandro sostenía con ternura a su hijo en brazos, acunándolo con una mezcla de amor, alivio y orgullo. Camila caminaba a su lado, abrazada a su cintura. A cada paso, el dolor se disipaba un poco más.
Carlos se acercó con una sonrisa serena.
—Vamos, los llevaré al auto —dijo, ofreciendo apoyo.
—Gracias, papá —murmuró Alejandro, sin soltar al pequeño—. No sabes cuánto significa esto para mí.
Carlos apuntó con emoción, observando a su nieto con ternura