El ambiente en la oficina de Alejandro Ferrer seguía cargado de tensión. Ricardo y Andrés se encontraron de pie frente a él, los tres sumidos en un profundo silencio mientras las palabras de la llamada resonaban en sus cabezas.
La acusación contra Margaret era tan grave que parecía imposible de creer, pero también demasiado peligrosa como para ignorarla.
Estaban a punto de comenzar a planificar una investigación cuando el teléfono de Alejandro vibró sobre el escritorio.
Los tres hombres se sobr