El sol de la tarde entraba en la habitación a través de las persianas entreabiertas, pintando rayas doradas sobre las sábanas blancas. El ambiente era cálido y tranquilo, lleno de una calma que parecía abrazarlo todo. Camila dormía profundamente; su respiración era lenta y pausada, como si su alma hubiera encontrado por fin un pequeño refugio de paz.
La botella de medicamentos reposaba sobre la mesita de noche, junto a un vaso de agua medio vacío. Después de tomarlos, el sueño la había vencido,