Adrien llevó a Camila de la mano, guiándola con cuidado por el sendero iluminado tenuemente por pequeñas luces que bordeaban el camino. La noche era fresca, el aroma de las flores silvestres impregnaba el aire, y una luna inmensa colgaba en el cielo despejado, como si quisiera ser testigo de todo lo que estaba a punto de suceder.
Camila caminaba despacio, sintiendo el calor de la mano de Adrien envolviendo la suya, segura y firme. Pronto llegaron a un rincón apartado del restaurante al aire lib