La luz del atardecer teñía las paredes de la habitación en tonos dorados y anaranjados. El aire olía a lavanda fresca, una fragancia cuidadosamente elegida para infundir calma. La habitación era amplia, elegantemente decorada con tonos suaves, pero lo que más destacaba era la gran cantidad de fotografías enmarcadas que cubrían cada rincón. Adrien y Camila sonriendo, abrazados en playas idílicas, cortando el pastel de bodas, bailando bajo luces de ensueño.
Cada imagen parecía contar una historia