Andrés estaba en su habitación, terminando de acomodar su traje frente al espejo. Con movimientos meticulosos se ajustaba la corbata cuando, al levantar la vista, sus ojos se cruzaron con el retrato que colgaba en la pared: él y Sandra, el día de su boda. Ambos sonreían, jóvenes, ilusionados… promesas que ahora parecían tan lejanas.
El recuerdo lo sacudió por dentro, pero no tuvo tiempo de sumirse en la nostalgia. Tocaron la puerta con suavidad.
—¿Quién es? —preguntó, sin dejar de mirar el retr