Hubo un silencio tenso. Margaret temblaba, ya no de rabia, sino de impotencia.
—Y tú qué vas a hacer? —dijo al fin, casi en un susurro—. ¿Vas a llorar toda la vida por esa mujer? ¿Por esa... Camila?
Alejandro dio un paso al frente, tan cerca de ella que Margaret contuvo el aliento.
—Camila era todo lo que tú nunca serás —susurró con veneno—. Por respeto a mi madre… no te digo más. Pero si vuelves a entrar a esa habitación sin ser llamada, o te atreves a dirigirte así frente a mi hijo… no respon