Camila terminó de ajustarse el vestido negro que abrazaba su figura de manera elegante y sofisticada. Se miró en el espejo una última vez, respiró hondo y salió de su habitación. Sus tacones resonaban suavemente en las escaleras mientras descendía.
Adrien, que la esperaba en la entrada, levantó la mirada al verla y esbozó una sonrisa llena de aprobación.
—Te ves hermosa.
Camila sintió un leve calor en sus mejillas, pero mantuvo la compostura.
—Gracias.
Adrien, sin apartar la vista de ella, abri