Vio la sorpresa genuina en su rostro, el desconcierto que revelaba que esa verdad también la había golpeado desprevenida.
—Vi el video —escupió, con asco—. No fuiste tú , fue Melanie. A ella le debía la vida, a ella, no a ti. Y yo… —se trabó un segundo, sintiendo la rabia subirle por el estómago—. Yo te di todo lo que ella tenía que haber tenido.
Le cruzó la cara con la mano abierta, un golpe seco que le hizo girar la cabeza, un golpe de furia descontrolada. Después de eso, hubo un silencio den