- ¡Mamita!.- La pequeña niña soltó la mano de Daniel y corrió a los brazos de su madre, apenas Aura y Alexein lograron llegar a la planada.
Las luces de los carros patrulla iluminaban el lugar, junto a las luces del helicóptero que se elevaba en ese momento.
La brisa nocturna les revolvía el cabello con gentileza, llevando consigo la paz y tranquilidad que desde hacía mucho tiempo atrás se les hacía esquiva.
La castaña abrazó a su hija con fuerza, mientras las lágrimas de alivio y alegría corrí