- ¡Daniel!.- Dafne gritó entre sollozos, cuando las camionetas pararon su marcha en el amplio jardín de la mansión.
Corrió hacia él enloquecida, con las lágrimas evaporandose de sus mejillas al beso de la brisa.
Daniel puso en el suelo a Rafael y se preparó para recibir a su esposa entre sus brazos.
- ¡Oh por Dios!, ¡Tuve tanto miedo!.- La mujer se aferró a la cintura de su esposo con sus piernas, mientras se deshacía en sollozos de alivio y alegría.
- Te dije que volveríamos mi amor.
Dafne se