Capítulo CXXXVII
Maximiliano
Hugo y yo seguimos ayudando a Camila a encontrar el cuerpo de Emiliano, pero no damos con él. Cada pista se cae, cada intento termina en nada. Las cosas están peor de lo que imaginé, y la frustración me carcome por dentro. Sentir que el tiempo pasa y no avanzamos me llena de rabia.
Al mismo tiempo, he estado revisando con Ruiz todo lo que supuestamente Emiliano me dejó. Una farsa. Una mentira más dentro de este desastre. La verdad salió a la luz: la única dueña legítima de la empresa Sandoval es Camila. Yo nunca fui más que un accionista, una pieza secundaria dentro de un juego que Greta ensució con sus manipulaciones.
Todo este cagadero lo voy a arreglar.
Cueste lo que cueste.
Camila va a recuperar lo que le pertenece: la empresa, su casa, su nombre limpio. No pienso detenerme hasta verlo hecho realidad. Es una promesa. Y yo no rompo mis promesas.
También hablé con Ruiz para iniciar el proceso y que mis pequeños lleven mi apellido. Solo pensarlo me apriet