Capítulo XX
Fernando
El silencio pesa más que los golpes. Estoy en mi sala, sentado como puedo, mientras Estheisy se mueve nerviosa buscando algo con qué limpiarme la sangre.
—Déjame ayudarte —me dice con firmeza, aunque le tiembla la voz.
Quiero apartarla, no porque no lo necesite, sino porque me duele que me vea así: derrotado, humillado.
—No hacía falta que intervinieras… —murmuro, con la garganta ardiendo.
—Sí hacía falta —me corta—. Si no lo hacía, él te mataba.
Sus palabras se clavan en mí