Capítulo XXI
Camila
Apenas Hugo se marcha entro a mi casa, me encuentro con Valeria. Su mirada se cruza con la mía y no hace falta decir nada: me conoce demasiado bien, y enseguida percibe que algo no está bien. Sin dudar, me toma del brazo y me lleva a mi habitación, mientras los pequeños se quedan en la sala con sus hijas. Es allí donde, con el corazón apretado, le cuento lo que pasó.
—Es un miserable —espeta con coraje—. No te dejes intimidar —añade con firmeza—. Eso es exactamente lo que él