Capítulo LX
Greta
Me encuentro en el jardín de la casa de Emiliano, fumándome un cigarro con la mano temblorosa. No por frío. Por rabia.
La noche está callada, demasiado callada, como si hasta el viento supiera que hoy no estoy para tonterías.
Inhalo profundo.
El humo me quema la garganta, pero me calma más que cualquier palabra de Gustavo. Ese inútil está adentro, caminando de un lado a otro como perro asustado.
Escupo el humo al aire y me froto la sien.
Maximiliano ya sabe más de la cuenta.
M