Capítulo XXVIII
Rafael
Estoy en la acera, a una distancia prudente, dejando que la fría noche me envuelva. Mis manos se aferran al volante mientras observo la casa de Camila, reflexionando sobre la extraña venta. A Sebastián le dijeron que la casa había sido vendida, pero algo en todo eso no cuadraba. No había señales de movimiento; la calle estaba desierta, silenciosa, como si contuviera la respiración, esperando algo. El cielo, completamente oscuro y lleno de estrellas, contrasta con las