Capítulo XXVII
Clarissa
La puerta se abre lentamente, y el sonido del chirrido de las bisagras me atraviesa como un cuchillo. Me quedo rígida, con los ojos fijos en la rendija de luz que se va ensanchando. Cada segundo es insoportable.
Una silueta aparece en el umbral. Alta, firme, pero desconocida. Mi corazón se acelera con violencia, como si quisiera huir de mi propio pecho. Mis uñas se clavan más fuerte en la piel de mis brazos. El instinto me grita que corra, que me esconda, que grite, p