Capítulo XXIX
Greta
Escucho el celular vibrar. Veo el nombre, contesto con la sonrisa aún en los labios; en cuanto la voz al otro lado empieza a hablar, la sonrisa se me quita de golpe y aprieto el teléfono con fuerza.
—¿Cómo que escapó? —escupo, la ira contenida como una cuchilla—. Son unos inútiles.
Hay titubeos, explicaciones torpes que me resbalan. No me interesan excusas. Cuelgo, bajo las escaleras y camino hacia la cocina; la rabia hierve en mí. No puede ser que se les haya escapado tan f