Capítulo CVII
Camila
Ver a Maximiliano con los niños, jugando con ellos, me aprieta el pecho de una forma distinta. Es una emoción suave, inesperada, que me llena por dentro.
Sé que todavía nos faltan muchos obstáculos por afrontar, muchas conversaciones pendientes y heridas que sanar, pero ver a mis pequeños felices no tiene precio.
Se veían tan tiernos cuando le pusieron sus condiciones, con el ceño fruncido y una seriedad que no les cabía en el rostro. Suelto una risa suave solo de recordarl