Capítulo CVIII
Máximo
Lucho por defender a mi hermana, pero uno de esos malditos me clava un puñetazo en el estómago que me roba el aire y me obliga a doblarme. Desde el suelo, impotente, veo cómo Gustavo la arrastra y la sube a la fuerza a su coche.
No pude hacer nada.
Su mirada, llena de terror, se me queda incrustada en el pecho incluso cuando el auto arranca y desaparece.
En cuanto se van, sus hombres se nos vienen encima. Los golpes caen uno tras otro hasta que terminamos tirados en el pav