Capítulo CXXXI
Máximo
—¿Sabes dónde está Scarleth? —escupe Greta con una sonrisa que me eriza la piel—. Te puedo asegurar que no la has visto desde que llegaste.
Me le quedo viendo, sintiendo el aire apretarse en mis pulmones.
—¿Qué le hiciste? —pregunto, intentando no perder el control.
—Solo le di lo que merecía, la maldita traidora —suelta una carcajada áspera.
—¿Qué diablos le hiciste? ¡Contesta! —le sujeto la mandíbula con fuerza.
Greta me mira como si estuviera disfrutando cada segundo.
—Ay, cómo eres estúpido, hijo mío —su sonrisa se ensancha—. Ella solo te utilizó. Nunca te amó. Esa perra barata.
Se ríe más fuerte, casi histérica.
—Escúchame bien, Máximo: nadie te ha querido.
Ni tu padre, ni tus hermanos. Siempre fuiste la oveja negra,
La peste que nadie quiere cerca.
—Cállate— gruño—. No quiero escucharte.
—Maximiliano tarde o temprano te meterá preso por el robo a la empresa —insiste—. Y yo nunca te quise. Solo has sido un estorbo.
La miro directo a los ojos, sintiendo un nud