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La torre Valtieri tenía sus propias reglas. Allí dentro, el tiempo se medía en juntas, contratos, cifras, y silencios con aroma a café recién molido. Céline llegó a las ocho en punto, impecable, con una blusa de seda beige y pantalón a juego. Había dormido poco, pero su rostro no lo mostraba. Lo único que traicionaba su agotamiento era la rigidez de su sonrisa.
El equipo ya la esperaba en la sala de juntas del piso veintidós. Cuatro presentaciones. Dos nuevos acuerdos. Una propuesta con Derm