Ya en la oficina de CéVive, Céline intentó concentrarse, pero no podía dejar de pensar en el sonido de aquel pequeño latido. El shock inicial se había disipado y, aunque el miedo persistía, una emoción cálida comenzaba a brotar entre sus costillas. Moría por contarle a Matthias. Lo haría durante el almuerzo.
Las horas pasaron lentamente. Revisó contratos, respondió correos, se reunió con el equipo de marketing… pero ninguna tarea lograba distraerla del todo. Finalmente, cerca de la hora pactad