El penthouse estaba en silencio. Tan pulcro, tan quieto… que parecía burlarse de él.
Kilian cerró la puerta con suavidad, como si el ruido pudiera delatarlo. El abrigo le pesaba más de lo habitual, impregnado de un perfume que no le pertenecía. Sus zapatos resonaban como si caminara sobre hielo fino. Cada paso hacia el pasillo era una traición.
Se detuvo frente a la puerta del dormitorio. La luz estaba apagada al otro lado. Tal vez Céline dormía. Tal vez lo esperaba. Tal vez… lo sabía.
Posó