El silencio los acompañó de vuelta.
No hubo música. No hubo palabras. Solo el murmullo lejano de los niños dormidos en el asiento trasero, ajenos al abismo que crecía entre sus padres.
Cuando llegaron al edificio, Céline se giró para despertar a Elian y Yvania con voz suave. Kilian no se movió.
—Voy a quedarme un rato abajo —dijo sin mirarla—. Necesito… un poco de espacio.
Céline lo observó apenas un segundo. No preguntó. No insistió. Solo asintió con un leve movimiento de cabeza, como quie