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El coche se deslizó en silencio por la autopista. A través de la ventanilla, los paisajes de Belvaronne se desdibujaban en tonos grises, como si el cielo supiera que algo se rompía.
Céline no había dicho una palabra desde que dejaron a los niños. Su madre, fiel a sí misma, había lanzado sus dardos con precisión quirúrgica, y aunque Céline intentó que no la afectaran… la verdad retumbaba.
"Te advertí que ese hombre no era suficiente para ti."
Miró de reojo a Kilian, quien seguía conduciendo