Nina bajó la mirada, como si no supiera qué hacer con eso.
—Entonces quédate. Pero sin guitarra. Sin libreta. Solo tú.
—¿Y si me sale una canción igual?
—La guardas en la carpeta “No abrir jamás”. Y me la muestras cuando ya no duela.
Dylan sonrió. Se levantó, fue a la cocina del estudio, y volvió con dos vasos de agua.
—Por si nos sale por los ojos también.
Nina lo miró, y esta vez no se rió. Solo lo abrazó, sin aviso. Un abrazo corto, sin drama. Pero real.
Y en ese silencio, sin músi