Aunque Pavel, Alexei, Roman, Leon y Sergei insistan en negarlo, con la voz templada y las miradas suaves como si pudieran envolverme en una mentira hecha de deseo, yo sé y lo sé con esa certeza instintiva que se instala en los huesos, que están usando el sexo como un refugio desesperado, como una válvula de escape para algo que los inquieta, los carcome por dentro y que ninguno ha querido poner en palabras. Y es que por más que sus cuerpos me busquen con hambre, por más que sus caricias parezca