El trabajo ha sido, sin exagerar, un verdadero desastre estos últimos días; los rebeldes que amenazan el precario equilibrio de la clase media parecen insaciables, y aunque logramos erradicar a varios, siguen apareciendo como cucarachas, surgiendo desde los rincones más insospechados, como si el caos se regenerara con cada intento de control. Una vez más, el Consejo solicitó que dobláramos turno, pero dado que León y yo ya habíamos cumplido con esa exigencia el día anterior, esta vez nos autori