No era una sorpresa que Natalia se hubiera quedado dormida. Después de la intensidad de la noche que habíamos compartido, su cuerpo simplemente se rindió. Lo intentamos. Leon y yo intentamos despertarla con caricias suaves, con susurros al oído; incluso Leon sugirió traerle algo dulce para que su energía volviera, pero nada funcionó. Estaba completamente agotada, sumida en un sueño tan profundo que, por primera vez, parecía ajena a nuestra presencia. Y aunque entendía la razón, no pude evitar s