En una pequeña terraza de madera de la remota posada Locanda del Lago, una mujer estaba sentada bebiendo tranquilamente un té de manzanilla.
Su apariencia actual distaba mucho de la elegancia de la esposa de un mafioso o de la agudeza de una agente de Londres. Su cabello negro ahora lucía pequeños y voluminosos rizos que enmarcaban un rostro notablemente más redondo, gracias al maquillaje técnico y a un toque de silicona en la zona de las mejillas. El abrigo oversized que vestía ocultaba un a