La nieve en las cimas de las montañas brillaba bajo un sol primaveral que empezaba a calentar, pero el aire dentro de la sala de examen del Dr. Keller se sentía fresco y tranquilizador. Anna —ahora más conocida como Isabella— yacía en la camilla de exploración con un vientre ya notablemente redondeado. Estaba en su quinto mes de embarazo, y cada pequeño movimiento en su vientre se sentía como un recordatorio viviente del mundo que había dejado atrás.
—Mire eso —la voz del Dr. Keller rompió el