El día de la boda llegó con una magnificencia que solo la familia Volkov podía convocar. La Catedral de San Isaac había sido transformada en una fortaleza de flores y luz. Miles de rosas blancas y peonías importadas adornaban cada rincón, contrastando fuertemente con las paredes de mármol oscuro de la catedral. Miles de velas de cristal pendían entre los pilares colosales, creando un resplandor dorado que se reflejaba en la cúpula dorada de arriba.
En el exterior, la seguridad estaba en su ni