Anna e Iván guiaron a la familia Taylor a través de largos pasillos cuyas paredes estaban adornadas con pinturas de la época imperial. La atmósfera de la mansión se volvía más pesada a medida que se acercaban a un conjunto de grandes puertas dobles hechas de oro y roble.
Tan pronto como llegaron a la Sala de Ámbar, dos guardias completamente armados cruzaron sus armas, bloqueando el paso.
—Solo se le permite la entrada a Benjamin Taylor —dijo Iván con frialdad, sin siquiera mirar a Amelia y