Ramiro seguía apoyado contra la pared fría, el pasillo de la Unidad de Cuidados Intensivos actuando como un purgatorio de luz artificial y silencio tenso. El diagnóstico del médico, "coma inducido", había martillado su mente, fusionándose con el recuerdo persistente de la figura de Lia, la hija de Aura, cuya presencia ausente era un fantasma en el drama. Su rostro, surcado por líneas de agotamiento y un miedo contenido, era el espejo del desastre que acababa de ocurrir.
La irrupción de Silvana