Capítulo 55. El Precio del Silencio
El silencio fue un puñal.
Antes de que León pudiera reaccionar por completo, un dolor agudo y punzante se disparó a lo largo de su hombro derecho. El cristal del parabrisas, justo delante de él, había estallado en una telaraña de fracturas, y un fragmento de vidrio más grande se desprendió con un tintineo sordo sobre el capó. La bala no había impactado de lleno, sino que había rozado, dejando un rastro ardiente y superficial, pero suficiente para hacerlo gemir y obligarlo a soltar el volante.
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