Capítulo 24. El mar en llamas
Salvatore
El salón del Palazzo Ferretti está vestido de oro y cristal, pero cuando entro, todo se vuelve humo. Las conversaciones se quiebran como copas al suelo. Camino despacio, con el bastón golpeando el mármol, aunque no lo necesito: es el eco lo que quiero. Que todos lo escuchen. Que todos recuerden que yo, Salvatore Montenegro, no necesito invitación para reclamar lo que es mío.
Los rostros se tensan. Sé lo que piensan: que Valeria me llamó, que vine como un perro a la voz de la Reina Neg