Una dura elección.
La sensación de sentir que se estaba ahogando hizo que Isabella despertara de golpe dándose cuenta de que le habían echado una cubeta de agua fría sobre la cara y el dolor en las mejillas golpeadas la instó a soltar un quejido.
—Veo que mis hombres tuvieron poca paciencia contigo, admiro mucho que hicieron lo que ya tenía ganas de hacerte por atrevida— comentó Blas muy furioso y a ella no le tomó por sorpresa que haya sido su nefasto abuelo, quién la ha secuestrado, incluso se lo imaginó en el