Directo y sin rodeos

Ellos iban tan sumergidos en su charla que no se dieron cuenta de que ya estaban frente al coche y que Máximo estaba esperando.

—Hijo…— lo llamó el hombre con voz titubeante y Maximiliano lo vio con irritación.

—Dije que no quería verte, por favor respeta mi pedido— le reprochó tosco, y con mirada llena de decepción.

—Lo sé, pero necesitaba entregarte esto—. Decía al mismo tiempo que extendía la mano en la que tenía unos documentos, los cuales Maximiliano abrió y se quedó pasmado, Máximo había
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