Besos practicados.
—No te puedes ir todavía, sin que primero hablemos —. Isabella no supo cómo interpretar las palabras del abuelo de su hijo. Frunció el ceño y con voz que denotaba su asombro ratificó:
—¿Hablar?, ¿usted y yo?, ¿pero de qué?
Máximo metió la mano en el interior de la chaqueta de su traje y de ella sacó una invitación.
—Hablar sobre mi hijo y tu hijo. No eres una buena madre y lo demostraste al abandonar a tu hijo, y tampoco eres una buena mujer para ser la esposa de Maximiliano.
—No pretendo ser